Soneto 7



Mira por el Oriente, cuando la luz graciosa,

arde y brilla en su testa. Ante esto los ojos,
rinden sus homenajes a la visión reciente,
loando con miradas, su majestad sagrada.
 
Y cuando ya ha escalado, la cima celestial,
muestra su juventud y edad adolescente.
Aún la mortal mirada, adora su belleza,
siguiendo su rodado, caminar de romero.
 
Mas al llegar al cénit, con su cansado carro,
como un viejo achacoso, del día se retira.
Los ojos más devotos, desvían su mirada
de su cálido rumbo y miran a otra parte.
 
Así, cuando te alejes de ti en tu mediodía,
nadie querrá mirarte, si no has tenido un hijo.

 
Soneto VII de William Shakespeare (tr. Ramón García González)
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